Érase que se eran dos personas enamoradas

Hace un tiempo, dos personas, un hombre y una mujer que tenían Síndrome de Down, se enamoraron y decidieron casarse. Se habían conocido en una fundación de ayuda para la gente que tiene esta enfermedad y habían mantenido una relación de noviazgo durante seis años. Sin embargo, cuando decidieron unir sus vidas “hasta que la muerte los separase” no todo fue un camino de rosas. Si bien es cierto que sus padres y familiares los apoyaron y ayudaron, tuvieron que ir superando una serie de obstáculos que se les fueron presentando en el viaje como, por ejemplo, la difícil tarea de encontrar trabajo.

Hasta aquí todo parece bastante normal. Pero es que resulta que, no contentos con los problemas de integración que tienen muchas de las personas que padecen Síndrome de Down, hubo quién decidió ir más allá en su relación de pareja y debatir qué ocurriría si estos dos enamorados decidiesen tener hijos. ¿Qué sería de los niños, en caso de que pudieran engendrarlos? De manera un tanto incomprensible para mí la posibilidad de que tuvieran descendencia hizo que alguna gente manifestaran su opinión contra aquella “aberración”.

Dejando a un lado las cuestiones físicas como es el hecho de que muchos Síndrome de Down presentan esterilidad, nos estamos metiendo en un peliagudo tema de moralidad. Y es que ¿quién puede saber si vamos a ser buenos o malos padres? ¿Quién tiene el derecho de prohibirnos la posibilidad de tener en nuestros brazos a un niño o a una niña de nuestra sangre, seamos quienes seamos? ¿Dónde está la garantía del cuidado que va a recibir un crío que tenga unos padres “sanos” o aquella que nos asegure que ellos no lo harán mejor que nosotros? ¿Cómo prohibirle entonces a este matrimonio que engendre a un niño si es lo que desean?

La excusa perfecta bajo la que se amparaban aquellos que se oponían a que tuvieran un hijo era que no había manera de asegurar la integridad del crío, ni que ellos fueran a poder hacerse cargo de su cuidado hasta que se hiciese mayor. Pero es que esta seguridad no existe nunca, y no veo por qué ellos sí van a tener que pasar una serie de pruebas o controles antes de permitírseles tener un niño cuando ninguno de nosotros los vamos a tener que pasar. Y es que si han sido capaces de tantas cosas, de salir adelante en este mundo de prejuicios, de aprender a cuidar de sí mismos, de estudiar una carrera, de encontrar un trabajo, de enamorarse, de mantener una relación durante seis años, de… ¿por qué van a ser malos padres? ¿y por qué nos tienen que demostrar lo contrario a los demás?

Otro argumento que presentaban los detractores era que el niño tendría un 50% de posibilidades de nacer enfermo, como sus padres, pero ése es un riesgo que deben asumir ellos y no nosotros. Ellos, igual que otros padres que no presentan la enfermedad pero sí pueden trasmitírsela a sus pequeños, son los encargados de decidir si quieren seguir adelante con la paternidad o no, pero no deberíamos poder impedírselo, porque si no también deberíamos hacernos pruebas genéticas nosotros para averiguar si nuestros hijos pueden padecer enfermedades similares e imposibilitarnos para tener descendencia en caso de que la respuesta sea afirmativa. Y esto no se hace ¿verdad? Ni no nos gustaría que se hiciera, ¿verdad? ¿Por qué, entonces, los discriminamos de esta manera?

Alguien me decía que, independientemente de las cuestiones morales, era más probable que un Síndrome de Down tuviera problemas a la hora de cuidar del niño que una persona que no padezca la enfermedad, no por falta de ganas, sino por no haber adquirido una serie de conocimientos como puede ser calcular la temperatura del agua de la bañera dónde va a bañar a su hijo. Bien, admitiendo este punto como válido, la solución es fácil: prepáralos, enséñales, muéstrales como se hace. Pero no les prohíbas intentarlo, por que tienen tanto derecho a hacerlo como tú. Y si han sido capaces de aprenderse una serie de conceptos y de ideas, si fueron capaces de resolver y entender problemas en el colegio, si son capaces de amarse más allá de las dificultades, ¿quién te dice que no van a ser capaces de criar al mejor de los hijos de la mejor manera posible?

Esta sociedad está llena de gente que quiere estar siempre por encima, controlarlo todo. Gente que cree tener el deber de proteger a los demás y que para ello trata de recortar sus libertades. Gente que se cree superior a los demás simplemente por el lugar, la familia o las condiciones histórico-sociales o de salud que le ha tocado vivir. Gente que piensa que sus convicciones religiosas, éticas o morales son superiores y más válidas que las de los demás. Y por supuesto, gente que se cree con derecho a juzgar una vida que no es la suya, a opinar de todo y sobre todo, a tener voto para decidir sobre la vida de un hijo que ni siquiera es el suyo…


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