El asunto de los ojos

Escribo ésta entrada motivado principalmente por el artículo sobre la pena de muerte de Julia. Hoy no me he tomado mi café, así que no estoy en disposición de criticarlo…pero no te preocupes que tampoco lo iba a hacer que me gustó mucho (carita feliz).

El caso es que me quedé pensando y me acordé de un tema que considero bastante importante.
Hace la pila (pero la pila, ¿eh?) de años, es muy probable que a un grupo de tipiños se les ocurriese decir “eh, como esto es una feria, ¿que tal si ponemos unas normas en el poblado?” y el resto dijo “¡eh! que idea más mazo guai molona”. Así que pusieron una serie de cosas que hacer y que no hacer – según el sitio, había donde estabas obligado a compartir tu café y donde te estaba prohibido tomar el de los demás- Pero había unas normas. Pero bueno, esto era bastante utópico, porque un papel limpio es un papel limpio, y uno con un trazo, por mínimo que sea, no. Y en cuanto a algún listillo se le ocurre pasarse por el forro las normas, el sistema se jode. ¿O no? Pues no, porque nuestros tipiños, que son muy listos, dijeron “hmmm… ¿y si entre todos montamos un sistema que se encargue de hacer fuerza contra los posibles detractores? (carita feliz de nuevo)”. Oh. Gran idea. Y así Mamá ser humano parió a la fase larvaria del señor Estado. Que es básicamente lo que es, fuera de todo ese insulso debate sobre si naciones o nación y esas cosas. Una herramienta que nos garantiza orden. El que sea, pero un cierto orden, unas normas del juego. Bien. Chachi.

La idea intuitiva que todos parecemos de tener de como se aplica esa fuerza está clara, creo yo: evitar que se incumpla ley. Prevenir su incumplimiento. Por supuesto, el método por excelencia es el recompensa-castigo, partiendo de la base de que los seres humanos deberíamos ser capaces de prever las cosas a cierto plazo…Bien, nos olvidamos aquí del factor imbécil del que ya hablé en algún otro post. Porque hay gente – bastante gente – en la que el factor imbécil es lo bastante grande como para que no le importe perder su libertad. Aunque ya he oído a bastante gente decir “boh, si total sólo estará cinco años en la cárcel…eso no es nada”, no, y una mierda no es nada, quédate tú sin cinco años de tu vida y a ver si te desesperas o no. Pero he ahí el tema. ¿Realmente es apropiado? Alguien a quien no le ha importado incumplir la ley a sabiendas de su destino…¿realmente saldrá beneficiado de estar con muchos más de su condición que le recuerden cada dos minutos lo mucho que odian a papá Estado? Desde luego, lo ideal sería prevenir el crimen…desde abajo, desde la educación. Y no me refiero ni a saber matemáticas, ni a ser un superprogre demagogo ni a un tarado fundamentalista que hace las cosas o no en función de su un pavito con alzacuellos le dijo que iría al infierno, porque la ley de los humanos, que es la que nos interesa a todos, que yo sepa, se ha escrito en la Tierra, y no incluye jihads ni cruzadas. La función rehabilitadora de la cárcel es mínima, sólo sirve para mantener alejado al criminal un tiempo de la sociedad – es por eso por lo que yo estoy a favor de la cadena perpetua para ciertos crímenes (en especial para cosas como terrorismo o crímenes contra la humanidad). Porque se aparta a esa gente de una sociedad que no los merece y cuyas normas no han aceptado – ¿o jugarías una partida de póquer con alguien que no acepte que tu full gana a su trío? Por eso y por otros motivo. El primero es que se trata de crear verdadero miedo. La gente puede pensar lo de sólo son cinco años – que por terribles que sean, el imbécil no lo sabrá hasta que haya cometido el delito. Pero una perpetua es una perpetua. Además de ser reversible, a mi personalmente me asustaría mucho más que la pena de muerte. Y ahí es al siguiente tema al que voy.
He dicho que la idea intuitiva es esa, pero desde luego la verdadera motivación del sistema de castigo es algo que llevamos mucho más adentro, grabado a fuego en los genes. La venganza, obvio. Absolutamente inútil, pero sienta bien poder decir “ni pa ti ni pa mi”. Supongo que a alguien que crea en el karma y tenga una moral algo retorcida la venganza le puede parecer una cosa coherente, pero volviendo a que las creencias son de cada uno; hay que admitir que es un impulso que llevar no nos lleva a nada. Buscando hacia atrás, supongo que es la forma que tenemos de asegurarnos de que lo que hemos detectado como una posible amenaza deje de serlo…eliminándola. Así que el sentido más básico de la venganza, el asesinato, hasta cierto punto tiene sentido. Pero al estar inhibidos por la ley tenemos que buscar una manera de desahogarnos – y la encontramos en la propia ley, que, a fin de cuentas, la hacemos nosotros. Y así nace la pena de muerte, pero no sólo ella, sino un montón de castigos escritos en nuestras normas que, analizados fríamente, no tienen mucho objeto. Desde luego, la muerte asusta, pero hay cosas peores. Como he dicho, yo no preferiría una perpetua – a no ser que fuese inocente, claro, porque entonces quizá podría salvarme. Porque la muerte es eso, plas. Es no hacerle nada al culpable más que cortarle el grifo, y es hacerle daño a quienquiera que le quisiese – porque por criminal que sea, puede que haya quien le tuviese aprecio. La pena de muerte es algo que castiga a inocentes siempre. Sólo sacia nuestra sed de sangre – y como bien dijo Julia, eso no nos diferencia mucho del criminal. En cambio la perpetua…la perpetua es un castigo de verdad – por un lado cumplimos la deseada venganza y por el otro, realmente es un método adecuado para proteger a la sociedad. Digo, por supuesto, en casos extremos: yo no condenaría a un simple homicida a cadena perpetua, haya hecho lo que haya hecho, porque pudo haber mil cosas que influyesen en su acto y de hecho puede (o no, quien sabe, pero no está en nuestras manos ver o decidir el destino de una persona) rehabilitarse.
Así que esto finalmente me lleva al tema peliagudo. ¿Por qué condenamos a la gente exactamente? Martin Luther King (no, no es el que creó la iglesia protestante, ese simplemente protestaba y con razón) dijo que “la vieja ley del ojo por ojo deja a todo el mundo ciego”. Y quizá tuviese razón, pero digo yo que la de la otra mejilla dejará a la mitad ciegos…¿qué es peor? ¿Hemos de ponernos en la postura suave y esperar a que pasen las cosas para corregirlas, arriesgándonos a que en algunos casos sea demasiado tarde? ¿O debemos cortar directamente y arriesgarnos a culpar a inocentes? ¿In dubia pro reo? ¿Cuantos culpables se han librado simplemente por un detalle de ese tipo? ¿Y si no han vuelto a delinquir, realmente era necesario castigarlos? ¿Somos algo más que monos enfadados que quieren eliminar al rival peligroso? ¿Y cuantos inocentes han caído equivocadamente bajo la rigidez de la ley?
El dilema moral es inherente al sistema, y no creo que se pueda hacer mucho al respecto. Cuanto más se despersonaliza el mismo peor es. Supongo que deberíamos adoptar una postura kantiana y ponernos en el lugar del afectado…y sin embargo, no puedo dejar de preguntarme que haría yo si estuviese en el lugar del acusador.

3 comentarios to “El asunto de los ojos”

  1. Estoy bastante de acuerdo con tu postura, aunque también me gustaría añadir unas cosillas.

    Es cierto que la ley la creamos nosotros, pero en muchos casos no es una ley lo suficientemente rígida, como ya comente en el comentario (valga la redundancia) que hice en la entrada de julia, en el estado español la pena máxima es de 30 años (40 años los terroristas a partir de ahora).

    ¿Qué quiero decir con esto?

    Pues que si a un tio le condenan a cadena perpetua, se cumpla la pena.
    Que si a un tío le condenan a 20 los cumpla, a no ser que se demuestre su inocencia o “no culpabilidad” (puede darse el caso de que no se pueda demostrar ni su inocencia ni su culpabilidad).
    A mí me parece muy bien que un recluso use su tiempo en estudiar enfermería, derecho, etc. Pero no por eso va a cambiar el delito que cometió, ni la pena debería reducirse, que siga estudiando hasta cumplir el castigo…

    Después está la problemática de los menores, porque claro, son solo niños y no saben lo que hacen, pero yo creo que si se ponen a darle una paliza a otro chaval porque no se deja robar, son conscientes de lo que hacen, saben perfectamente que le están pegando y que ESTÁ MAL. Después puede que alguien diga “es que tiene problemas en casa” o “no me extraña que sea así, su padre borracho…/con las compañías que tiene…/si se pasa todo el día colocado…”

    A esa gente me gustaría decirle un par de cositas, porque si tienes problemas en casa, te los tragas y te apañas con ellos como hace todo el mundo, porque dudo mucho que tenga un problema tan particular y único que no comparta algún otro mortal, puede ser más grave o menos pero todo el mundo tiene los suyos y se las tiene que apañar y no es culpa del primero con el que te cruces.

    Las influencias. Son un mundo. Se sabe que una persona es según su entorno. Vale, muy bien. La solución tan simple como imposible. Evitar que existan entornos que provoquen la producción de gente violenta. Pero a pesar de su imposibilidad siempre se puede hacer algo para que sean menos.

    Bueno, quería dejar claro lo que pensaba de esto ^^

    Están muy bien los dos post (enhorabuena julia y santi xD)

  2. “Las influencias. Son un mundo. Se sabe que una persona es según su entorno. Vale, muy bien. La solución tan simple como imposible. Evitar que existan entornos que provoquen la producción de gente violenta.”

    Es el cuento del pescadito que se muerde la cola

  3. Ya, pero es la realidad

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